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lunes, 14 de febrero de 2022

Ciudadano de a pie

 

¾    Te lo dije Carlos, mira que te lo dije; pero tú erre que erre.

¾    Anda Joaquín, bébete el café y calla un ratito, que se te va a quedar frío.

¾   Y el del café, si sabes que tengo colon irritable desde chiquito. O no te acuerdas de cuando estábamos en los “boy scout”; marrones perdidos acabamos en la tienda, pero claro, el señor quería que cenáramos nubes como los americanos. Cuánto daño te han hecho las sitcom.

¾   Por dios, no me lo recuerdes Joaquín, que algunas noches cuando duermo aún me viene el olor a mierda. Pero si no querías café haberte pedido un té, que para lo que quieres bien que tienes boca.

¾    Si es que me lías Carlos, me lías y no puede ser; sino dime tú cómo hemos acabado así.

¾    ¿Cómo así?, yo qué iba a saber. Nadie se imaginaría una cosa así.

¾   Ya te digo, está claro que este país se va a la mierda. Y no me extraña, se ha hartado tanto la gente de que le prometan cosas, que les digan que van a bajar esto, que van a dar lo otro, que todo va ser de color de rosas. Cuando ven a alguien que dice la verdad se tiran de cabeza.

¾    ¿La verdad Joaquín?, ¿qué verdad?, si en las cuatro horas de debate no abrí la boca, ni siquiera para saludar.

¾  Pues ahí está Carlos, qué se olía a la legua; pero como nunca me haces caso pues estamos como estamos. Mira que te lo dije en el descanso; promete algo, métete con alguien, insulta, berrea pero haz algo. Y tú ahí, “callaíto”, como una estatua, sin decir ni mu.

¾  Si es que me atasqué, es que dime tú; qué lenguas, qué verborrea desmedida. Promesa por aquí, insulto por allá, tú mas, yo menos, tu padre tal. Y luego, detrás de bambalinas tan amigos. Profesionales, verdaderos profesionales, sin piedad ninguna.

¾   Ves como te lo decía, la gente te ha olido a la legua. Habrán pensado, este es una ciudadano de a pie, míralo que calladito; este se come el marrón cuatro años como que hay dios. Y aquí estamos, esperando jurar el cargo como dos desgraciados.

¾  Pero es que no me digas, mira que son cabrones; que hemos sacado mayoría absoluta, que de esta no nos libra nadie. Si ni siquiera tenemos programa.

¾    Tú y tus ideas; que mira, que si hacemos la gracia de presentarnos, que así nos echamos unas risas.

¾   Pero yo que iba a saber, sabía que la gente estaba muy quemada; pero tanto como para votar a un ciudadano cualquiera a presidente del país, eso ya es pasarse.

¾   Anda Carlos calla, que suficiente lío tenemos. Vamos ya, que nos esperan para jurar el cargo; ya veremos cómo arreglamos esto. Pero por dios Carlos promete algo que me veo chupando gobierno mas años que Matusalén.    



Imagen de Pixabay

  


martes, 23 de noviembre de 2021

El juicio

Sentado en el banquillo, el acusado esperaba a que el juez dictara sentencia. Él permanecía impasible, con una leve sonrisa, mientras escuchaba el rumor de la sala. Casi todos los españoles habían caido en la estafa, se rumoreaba que hasta el juez había caido en sus triquiñuelas; de ahí que lo mirara con asco. Sabía que nadie le libraría de la carcel, pero estaba tranquilo, había logrado lo que quería. Miró a su abogado, que también le miraba con asco, sabía que él también había caido en la estafa pero a estas altura era difícil encontrar a alguien que no hubiera sido engañado por él.
El juez golpeó con rabia la mesa, haciendo callar a la sala, se levantó de su asiento con ansiedad y dirigió su mirada hacia el acusado y con la voz rota le suplicó que dijera dónde tenía el dinero. La gente agudizó el oido, esperando la respuesta, se decía que  hasta los miembros del jurado popular habían caido en sus engaños; pero quién no.
Se levantó del banquillo y con voz de corista de iglesia habló; cuando pasen dos años desvelaría su ubicación, iría encriptada en sus memorias y una vez que la hubieran comprado todos los españoles desvelaría como desencriptarlo, antes no.
Unos minutos después de haber conseguido reducir al guardia jurado y al fiscal que se habían avalanzado para linchar al acusado; el juez pidió calma.
Con los ojos enrojecidos por la rabia le pidió explicaciones de cual era su finalidad.
Sencillamente - dijo, mientras se acariciaba su enrojecido cuello-, tras demostrar que soy el mejor cuentista, ahora quiero ser un autor superventas.
 RJHR (imagen Pixabay)

domingo, 17 de octubre de 2021

sábado, 31 de julio de 2021

Aforismo

Quien vive sólo de expectativas vive como el que intenta retener un puñado de arena entre las manos.
RJHR

sábado, 23 de enero de 2021

Locura


Como un loco martilleas el teclado,
como queriendo tocar con tus palabras
una melodía de jazz.
Sintiendo por tus venas 
la imperturbable libertad.
Sigues en tu cabeza los compases,
presionas cada tecla 
con cada latido de tu corazón.
Tú eres la canción, 
tú eres el jazz; 
tú eres las letras 
que forman palabras 
y se convierten en emociones;
confusas, amontonadas,
pero con libertad,
con son
y pasión.
Te mira martillear el teclado Kerouac,
mientras le sirve otro bourbon Thomas Dylan,
mientras te anima Charlier Parker,
mientras pierde la conciencia Bukowski,
mientras medita Ginsberg,
mientras se atormenta John Kennedy Toole
porque no se reconoce su genialidad.
Martilleas el teclado
sin saber a dónde vas,
sin saber que quieres expresar.
(Imagen Pixabay)

viernes, 31 de julio de 2020

La vida pasa

Dolor, llanto, incomprensión
nada entiendo y camino
pues no hay vuelta atrás,
el viaje de la vida 
no permite echar la vista atrás;
desandar lo andado,
remendar lo pasado
y te hace decidir,
te hace decir 
y tú no comprendes nada.
Dolor y llanto,
losas sobre la espalda;
tortuoso camino 
este que es la vida.
Los hijos crecen 
y siempre piensas que podrás 
disfrutarlos, 
acurrucarlos entre tus brazos.
El llanto brota, la lágrima recorre el rostro
y se despide y tú no comprendes nada;
no entiendes nada.
Y deseas haber vivido
cuando la vida pasa,
pero tú no comprendes nada
Y tus hijos crecen
y tú envejeces
y sientes que el dolor
no desaparece y la vida pasa
y la risa, el llanto permanecen.
Y el camino continúa,
con sus baches y sus piedras 
pero continúa, sin freno;
y tú no comprendes nada,
tú no entiendes nada
por que la vida pasa.
(Imagen pixabay, autor Klimkin)

jueves, 7 de mayo de 2020

Reflexiones con una taza de café

El amanecer sorprende al gallo, que adormecido aclara el cantar que despierta al hombre cansado.
El agua cae sin pausa, sin descanso y las manos la buscan, la acompañan con una pastilla de jabón como las que fabricaban sus abuelas, como las que había visto desde su niñez; y siente la espuma en sus dedos y su cuerpo inmaculado.
Mientras tanto la cocina se va aromatizando con el dulce aroma del café, en una cafetera italiana. Escucha el borboteo del agua hirviendo que ya no es agua sino que se ha enamorado del café; y el día comienza y el espíritu sonríe.
La calle le llama y el paseo comienza, verdor antes sus ojos, olor a libertad. La dehesa extremeña le llena la vista, le llena el corazón. El camino se hace más agradable con el mugir de las vacas que retozan en paz en el campo. Los guarros (cerdos) descansan tumbados al sol, sabiendo que durante su corta vida las bellotas serán todas suyas. 
Y los caminos se suceden y el paso se detiene, la vida hay que observarla con detenimiento pues solo se mira muy pocas veces. Por lo que se sienta en un cancho,
que ha conocido miles de vidas, que ha sentido el llanto y la risa.
Y respira muy hondo, como si ese fuera el último aire que fuera a inhalar y prosigue el camino sin prisa, sin ansiedad pues ya ha conocido la paz y se tumba en la dehesa, en un manto verde rodeado de pan y quesito; como si de una corona gigante se tratará. 
Mira al cielo y cierra los ojos, no sabe cómo es el cielo ni siquiera si existe pero nada le turba, nada le preocupa solo observa la vida pasar.

miércoles, 6 de mayo de 2020

La extraña sentencia

El abogado defensor creó tal telaraña de pruebas e informes que el juez, abrumado por la retórica y documentos, dictó sentencia. El policía era el culpable, y debía pagar una indemnización al ladrón por crearle ansiedad con la sirena mientras él hurtaba sin compasión. El policía atónito se puso él mismo las esposas.
#storycube 


viernes, 24 de abril de 2020

El primer, primer paseo

Asomado a la ventana veo a los niños salir a jugar. Todos muy separados, mirándose con recelo como si hubieran sido enemigos de guerra. Y andan mirando de reojo a sus madres, viendo que su mirada sea de aprobación. Prueban a empezar a trotar como si fuera la primera vez, como si lo que pisaran fuera fuego, y pasan los segundos y los minutos y se dan cuenta que es el mismo suelo que han pisado mil veces. Se vuelven a mirar los niños y ya no se ven como al principio ahora se ven como fueron siempre, niños; algunos amigos, otros conocidos pero todos sienten algo, todavía sienten algo de miedo.
Y los miro desde la ventana, pensando que en algún momento todo volverá a la normalidad, cuando las risas sustituyan a los miedos.
(Imagen pixabay) RJHR

domingo, 19 de abril de 2020

Dolores del pasado

Le miró a los ojos, sentía sentimientos contrariados, sabía que no era de fiar, sabía que en cualquier momento se la jugaría; o tal vez no. Tantos años conociéndose le había servido para no fiarse, pero la vida era así te hacía jugar; y un virus les había llevado a estar confinados. En cierto modo mentía ya que llevaban tiempo conviviendo por causas ajenas al virus; la vejez era realmente lo que los había llevado allí, una vida demasiado rápida y una deshumanización galopante los había sumido a la catalogación de trastos inutiles para la sociedad y sus hijos. Él no se sentía así pero la gente se lo había impuesto y ahora le tocaba estar allí, con él. Era verdad que contando a cuidadores y otros compañeros de residencia eran unos cuantos más de dos. Pero a él no le quitaba el sueño los demás, ni siquiera el virus; hacía tiempo que había abrazado el dulce sueño de la muerte. Era cierto que la había deseado pero ya no podía morirse, ahora no. Él sabía qué había pasado aquel día en el prado, él podía decirle si aquella bala perdida venía del bando enemigo, seguramente sabía algo.
(Imagen pixabay)RJHR

martes, 14 de abril de 2020

La Soledad y la nieve

Sentado  en  el  sillón  veo  por  la  ventana  como  caen  los  copos  de  nieve,  veo  como  bailan  al  son  del ritmo del  viento;  como  una  fina  melodía, como  esas  tristes  canciones  que  te  estrujan  el  corazón. El  suelo  se  cubre  bajo  un  manto  blanco,  y  se  disipa  ese  triste  gris  de  la  calzada  y  la  acera.  Los  niños invaden  la  calle,  abrigados  hasta  que  solo  se  ve  ropa  con  ojos;  corren  y  revolotean,  cogen  la  nieve y  ríen.  Algunos  amontonan  la  nieve  y  comienzan  a  formar  un  muñeco;  la  retocan  y  la  aglutinan  y  de una  masa  blanca  y  sin  forma  comienza  a  surgir  algo  humano,  algo  con  sentido.  Lo  admiran,  se  ríen y  lo  arreglan.  La  magia  se  hace  ante  sus  ojos  lo  siento.  Ya  tiene  vida,  ya  tiene  alma  y  los  niños  lo ven,  le  hablan  y  juegan  con  él.  Pero  la  noche  llega  y  las  madres  les  reclaman  y  el  muñeco  se  queda solo,  y  la  nieve  sigue  cayendo. El  muñeco  se  convierte  en  otro  ser,  sin cuerpo y sin alma. Aun  así, yo lo  miro desde mi sillón, desde mi casa que es  mi  celda. Yo le velo, yo le rezo. 
(Imagen pixabay) RJHR

El rosal

El rosal desnudo
no florecerá en primavera.
Como un gigante 
muestra sus ramas al aire, 
de color verdoso,
con signos de vida;
tímida
pero vida.
El rocío de la mañana
humedece su manto de tierra
y las lluvias de abril
intentan dar brío a su ser.
Pero se niega,
vaya si se niega
a dar rosas esta primavera.
(Imagen Pixabay) RJHR

lunes, 13 de abril de 2020

Confinado

Sentado en el balcón
arrullo al viento,
que acaricia mis brazos.
Le susurro con calma
palabras de aliento
a un corazón desangelado.
Siento sus lágrimas 
en forma de lluvia
que caen sobre mí.
No le dejo solo,
no le suelto 
ni un momento,
siento su pena 
como si fuera mía.
Surca las calles desiertas,
buscando gente 
a la que acariciar el alma.
Oye asustado las sirenas
y golpea las ventanas 
de los hospitales 
abarrotados de gente,
viendo como ángeles de verde 
corren sin descanso;
intentando
llegar a todos lados. 
Y él, sin entender nada,
se enrabieta como un niño.
Sin saber porqué,
sin comprender el motivo.
Y yo le arrullo,
y le consuelo
y le susurro que algún día
volverá acariciarnos.
(Imagen Pixabay) RJHR

lunes, 9 de octubre de 2017

Faquir por correspondencia

Cogió aquel fular rojo y se lo puso en la cabeza, como si fuera una especie de turbante; sacó la vieja flauta que tenía cuando iba al colegio y se puso a tocar, sin atinar con ninguna nota, sin ritmo ninguno. La gente se agrupó alrededor de tan extraño artista, que se veía que no tenía un don para la música, esperando cual sería su verdadera actuación.
De repente, de un cesto, apareció una serpiente de cascabel que no se movía al ritmo de la música; más bien parecía molesta e incluso se diría que hastiada, miró al extraño faquir y le mordió dos veces. La gente gritó asustada durante un instante, luego aplaudió ya que veían que el artista seguía tocando; con lágrimas, pero seguía tocando.
Tras media hora y veinte mordiscos más, el faquir acabó moribundo la actuación; guardó la serpiente en la cesta y pasó, con la piel amoratada, la gorra entre el público asombrado por aquella dantesca actuación. Cuando llegó a la última persona se desplomó en el suelo, y farfullando entre susurros se le escuchó: “maldito curso a distancia”.

Grises

La policía, tras acordonar la zona, entró a la tienda con sumo cuidado; allí estaba el dependiente con la cara descompuesta e incapaz de vocalizar una palabra por el miedo, él fue el que encontró la bolsa.  

Tras manipularla cuidadosamente la arrojaron al fuego; eran unos pantalones de colores estampados.

Relato para el concurso Cincuenta palabras

sábado, 12 de agosto de 2017

El jefe y el mantel de papel

Cuando entraron en mi despacho, me di cuenta que no podían quitar la mirada del mantel de usar y tirar que había sobre mi mesa de dirección; venían a entrevistarme porque, mi empresa era líder en su sector desde hacía más de treinta años, y querían saber el motivo. 
Les dije que era muy sencillo; en parte el responsable era aquel mantel de usar y tirar pero principalmente mis empleados. Les conté que conseguí mantener al mismo equipo durante treinta años gracias a aquella técnica, era sabido que el sueño de cualquier persona a la que le toca la lotería es despedirse de su jefe cagándose en su mesa, y yo les di ese gusto cada vez que llegaban las vacaciones estivales; se cagaban y se iban de vacaciones, y cuando volvían llegaban llenos de ánimo e ilusión. Tras contarle esto a los periodista se quedaron boquiabiertos y no se creían tan surrealista situación. Les pregunté que qué día era y me dijeron que 30 de Julio, entonces les dije que esperan unos minutos.
De repente entró Gutiérrez, mi jefe de ventas; entró algo cohibido, con un café y un periódico en la mano, le dije que no se preocupara que se sintiera como en casa. Ante la cara de sorpresa de los periodistas se bajó los pantalones y se puso a hacer sus cosas, al principio le costó un poco pero cuando se metió en su mundo fue la cosa rápida.
Cuando terminó se despidió de mí hasta la vuelta de vacaciones. Mientras recogía el mantel le deseé que disfrutara de ellas. Los periodistas aún algo asombrados, tragaron saliva, me dieron la enhorabuena por mi idea y me estrecharon la mano. Al salir del despacho, noté que salían con el rostro algo blanquecino pero en el fondo los entendía, no todo el mundo estaba hecho para triunfar en los negocios.  

RJHR

jueves, 10 de agosto de 2017

Una parte del todo

Una minúscula mota de polvo
en el mundo;
una gota de agua 
en la inmensidad del océano;
un pez en una bancada
de peces;
una pata de cuatro patas
en una silla;
un te quiero
en un corazón roto;
una lágrima
en una tormenta de llanto;
una sonrisa sincera
en una neblina de tristeza;
un hasta pronto
en una soledad momentánea;
una voz que no calla
en el silencio del miedo;
una vida, siempre
suma en la humanidad;
una acción no cambia
el mundo
pero demuestra que 
siempre hay una opción para 
creer y cambiarlo.

RJHR (imagen pixabay)

martes, 8 de agosto de 2017

Creer

Creía que el tiempo
nunca pasaría
y pasó.
Creía que la niñez
sería eterna,
pero fue la etapa
más corta.
Creía que ser adulto
sería siempre aventura,
pero el trabajo
se llevó todo el tiempo.
Creía que la vejez
sería una etapa 
de disfrute y descanso,
pero los achaques
no me dejaron dormir.
Creía tantas cosas
que cuando la muerte
me dijo que dejara de creer;
yo aún quise creer.

RJHR

viernes, 2 de junio de 2017

El músico errático

Receló de todo el mundo, fuera cercano o lejano; perdió la confianza en el ser humano. Caminaba ausente, sin ganas de nada, hastiado de la vida y de su mera existencia. El ser humano dañaba y mataba sin motivo, aun así estaba en lo alto de la escala evolutiva. Él sabía que era parte de la maquinaria, de toda esa maraña; y él solo quería dar alegría con su música, pero no la querían.

RJHR (Imagen Pixabay) (Obra seleccionada en VI antología de microrrelatos "Pluma, tinta y papel" de Diversidad literaria) 

miércoles, 24 de mayo de 2017

Solitaria multitud

Caminando entre extraños,
hombro con hombro,
juntos, pegados.
El agobio invade mi cuerpo
me pide salir de allí,
pero la gente se junta más,
siento el aliento de un extraño
en mi nuca, quiero salir de aquí.
Alguien me saluda,
lo miro,
pero no lo conozco de nada,
dice ser mi padre.
Abro los ojos,
miro atónito
pero no lo reconozco.
La ansiedad me puede,
miro para un lado
y para otro,
pero no hay salida,
solamente gente.
Todos me conocen,
todos me saludan
pero yo no conozco
a nadie.
La gente se agolpa más
junto a mí
pero yo quiero salir
yo quiero huir,
me siento solo
entre la multitud.

RJHR