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martes, 7 de marzo de 2017

El optimismo de la vida

¿Por qué la tierra se enfadó con nosotros?, ¿por qué perdimos todo?, si nosotros solo queremos sobrevivir; se preguntaba una y otra vez entre lágrimas su padre.
El niño veía la mirada entristecida de su padre y no sabía darle explicación a sus preguntas. Él solo sabía que aquel terremoto cambió sus vidas, les hizo apreciar cada rayo de luz del sol y cada nueva mañana que les brindaba la vida. Se acercó a su padre y le dijo, al menos nos tenemos los unos a los otros. El padre le miró con una sonrisa y le dijo, tienes razón.

Microrrelato seleccionado en la antología I Concurso de microrrelatos solidarios " Microrrelatos por Nepal".
(Imagen pixabay)

Telones que se cierran


¿Sientes?, dilo.
Ves el camino
que se abre ante ti.
¿Hueles?, dilo.
Olfateas la hierba fresca,
la cortaron tras tu marcha.
¿Palpas?, dilo.
La arena se posa en tu piel
cuando pasas tu mano por la playa,
está mojada,
es la vida;
la ama y la abraza
la marea tras su paso,
todos los días,
diferentes aguas
pero el mismo mar.
Dime, ¿qué viste en la vida?,
¿qué sintió tu corazón
cada segundo que latió?.
¿Sentiste el dolor en la mandíbula
por risas de verdad?.
¿Viviste?, dímelo.
Dime que la felicidad
fue buena contigo
y por fin podré
decirte adiós.

(imagen Pixabay)

sábado, 11 de febrero de 2017

Despedida de un poeta


Quemé mis poemas,
quemé mis palabras
e incineré mis letras.
Lloré por los sonetos
que dejé en el desván de mi memoria,
lloré por los versos que dejé en la cuneta.
Hice las maletas y dejé de lado
todo rastro de poesía,
todo rastro de libertad poética.
Acallé a mi alma y a mi corazón
renuncié a toda sinalefa mal compuesta,
decidí marcharme y no mirar atrás.
Caminé y caminé
y oí pero no escuché;
me gritaron, me suplicaron
las voces de mi cabeza,
las letras que dominan mi imaginación,
pero las rechazaba, las rehuía.
La cabeza me dolía,
el corazón me palpitaba de manera
angustiosa, de manera azarosa,
me pedía que vomitara las letras,
que liberara mis ideas,
pero me tapé la boca,
me tapé las orejas
y con el leve movimiento de los párpados
le dije a la poesía adiós.

(imagen Pixabay)

viernes, 3 de febrero de 2017

Vidas vividas sin vivirlas


Opresión y decadencia,
sociedades decrépitas;
políticas de demencia
y opulencia,
de falsedades y puñales,
de tarjetas y desfalcos.
Lascivia y libertinaje,
prostitución de almas
sin llanto,
de lágrimas sin decoro;
sexualidad y deseos
sin respeto, sin permiso.
Vestidos y trajes
de alta gama,
de pasarelas de alto copete
y farándula retrógrada;
aplausos y besos,
a creadores
que mandan sus
diseños a fábricas
de sueños rotos
e inocencias perdidas.
Sociedades con prisa
que no llegan a ninguna parte
pero que lo abarcan todo,
lo desean todo
pero no disfrutan nada.
Relojes que se miran sin cesar,
para no perderse nada de la vida
pero sin darse cuenta
de que se lo pierden todo.
Vidas repletas de cosas,
vidas vacías,
vidas vividas
sin vivirlas.
(imagen Pixabay)

jueves, 12 de enero de 2017

La nube y la lágrima


Estancado en el olvido
de un lugar sin recuerdos,
de un lugar sin nada que apreciar;
yo camino y observo,
yo me siento y presiento
que una lágrima va a caer
de un pájaro triste por un amor perdido,
de un árbol que vivió demasiados otoños
y apenas recuerda las hojas que habitó en sus ramas,
de un perro que olfatea el hueso perdido,
de un gato que gastó su séptima vida por una bola de pelo,
de un ratón que no conoció a aquel hambriento gato
y del halcón que ahora sabe que gracias al triste minino ahora tiene cena.
Y lo observo y lo medito,
y lo reflexiono y no lo entiendo;
si aquella nube se fue hoy
jamás se volverá a parecer a lo que ayer
imaginé;
un pájaro con su amada,
un árbol frondoso y colorido,
un perro con su hueso,
un gato y una asquerosa bola de pelo,
un ratón desgraciado que al final conoció al gato
y un halcón hambriento y sin cena.
Y me levanto y camino
y ando y miro,
canto y salto
pensando en la palabra
con la que acabare este…

RJHR (imagen pixabay)

lunes, 9 de enero de 2017

El nuevo inquilino

Acurrucado como una bola de lana veía la gélida noche pasar; la caldera, el calor humano y las carantoñas era lo que necesitaba, nada más. Siempre era bueno sentirse el rey de la casa. Era un gato, una mascota, pero era quien más desvelo creaba en la casa, hasta aquella gélida noche, unos aullidos, unos lastimeros aullidos perturban tan plácido descanso. El amo se levanta y va raudo a la puerta, se encuentra a un hambriento y solitario perro, raquítico como un alambre, triste como una luna sin estrellas. El amo lo consuela y lo seca con la más cálida de las mantas, lo mira con ternura y le dice: No volverás a pasar frío, no volverás a pasar hambre. Tras decirle estas palabras le ofrece la mejor de las latas del señor bigotes; el hambriento perro se lo come raudo y con el gusto aún en el paladar mira al hombre y le suelta su mirada más tierna, la de mayor agradecimiento. El hombre cae rendido a sus patas y le ofrece un recital de carantoñas, mientras el señor bigotes mira perplejo la escena sabe que a partir de ahora andarán los dos como el perro y el gato.

Relato para ENTC (imagen pixabay)

El predicador de la nada



Parado en el banco miro y me santiguo
pero camino.
El mercado está atestado de rumores y bacaladillas pasadas,
huele tan mal lo uno como lo otro;
la diferencia que uno se pudre por muerto y lo otro por maldad.
Continúo y me santiguo,
saludo a  los niños y a los ancianos
a los niños los trato de usted
a los mayores de tú,
los primeros albergan aún el anhelo
de un mundo más justo,
los segundos hace años que ya se rindieron.
Subo la cuesta de aquel pequeño monte
se respira el aire puro de veinte vertederos ilegales,
todos controlados,
todos censurados por las autoridades
cuando arden ante los medios.
Contaminación y alimentos mutantes
todo una alegría para las multinacionales;
se etiquetan como naturales y los vendemos,
pues no es natural que a un tomate
le salgan dientes con aquel líquido amarillento;
¿qué soltó aquella central nuclear que hace años
dijeron que iban a clausurar?.
Y sigo y me santiguo,
y me santiguo y sigo,
camino y bendigo cada parte
de todo este desmadre
pues yo soy parte;
soy víctima,
culpable,
cómplice
y testigo
de esta historia llamada tierra,
de esta historia llamada humanidad. 

RJHR (Imagen pixabay)